En un panorama automotriz que no para de innovar, los sistemas de asistencia a la conducción (ADAS) se han vuelto aliados esenciales en la seguridad vial. Cada vez más comunes en nuestros autos, prometen un manejo más seguro y, para muchos, menos estresante. Pero, ¿cómo es la experiencia real al volante?
Hemos puesto a prueba los ADAS en diversos escenarios. Hoy, te contamos nuestra experiencia con Subaru EyeSight,uno de los más probados y reconocidos de la industria. En 3 minutos, desvelamos lo que la ficha técnica no siempre te cuenta sobre este «copiloto» invisible.
1. No todo es ideal: la realidad de las vías latinas

Los sistemas ADAS, como el Subaru EyeSight, son prodigios de ingeniería. El sistema de Subaru, por ejemplo, utiliza cámaras estereoscópicas ubicadas en el parabrisas que, como ojos humanos, identifican vehículos, peatones, animales y las líneas de la carretera. Esta tecnología, por su menor costo y madurez, permite que todos los modelos de la marca cuenten con un alto nivel de seguridad. Al ser cámaras redundantes, la información que captan es muy precisa en la estimación de distancias.
Es importante mencionar que en el mercado existen otras opciones tecnológicas para los sistemas ADAS. Algunas marcas emplean radares LiDAR, que son eficientes en condiciones climáticas adversas, pero les cuesta diferenciar el tipo de obstáculo. Otros sistemas optan por una cámara monocular que, si bien identifica las vías, necesita el apoyo de radares para estimar distancias con precisión. También hay vehículos que combinan múltiples sensores para lograr un mayor nivel de autonomía, aunque esto suele traducirse en un costo de desarrollo e implementación más elevado. Cada tecnología tiene sus propias fortalezas y se enfoca en distintos aspectos, ya sea en el confort de un manejo más autónomo o, como en el caso de Subaru, en la seguridad activa de los ocupantes.
Sin embargo, la eficacia de todos estos sistemas se pone a prueba en contextos como el nuestro. En Latinoamérica, la infraestructura vial a menudo dista de ser perfecta. Las vías pueden tener señalización horizontal deficiente o inexistente, y la calzada puede presentar baches o desniveles inesperados. A esto se suman los hábitos de conducción locales, donde adelantos por la derecha o cambios de carril abruptos son comunes. Si bien sistemas como el control crucero adaptativo o la asistencia de mantenimiento de carril funcionan bien en condiciones óptimas, en nuestras ciudades y carreteras exigen al conductor una atención constante, pues el sistema no puede compensar por sí solo estas particularidades del entorno. Por ejemplo, al usar el control crucero adaptativo en ciudad, incluso en su configuración de menor distancia, el espacio que deja con el vehículo de adelante puede ser tentación para otros conductores.
2. Entre el confort y la invasión: cuando el ADAS se hace sentir

La experiencia con los sistemas ADAS es una balanza entre el confort y la percepción de intromisión. En carretera, el control crucero adaptativo, que regula la velocidad según el vehículo precedente, o el frenado autónomo de emergencia hacen los viajes más seguros. Es una sensación de tener un apoyo constante, un nivel básico de conducción autónoma que reduce la fatiga del piloto.
Sin embargo, en el tránsito urbano, esta asistencia puede sentirse algo «invasiva» para quienes no están acostumbrados. La gran cantidad de sonidos y alertas al activarse o desactivarse, aunque configurables, pueden ser un recordatorio constante de su presencia. Un ejemplo clave es el control crucero adaptativo y su reacción ante los reductores de velocidad: al mantener la distancia con el vehículo de adelante, el sistema no siempre «lee» los rompevelocidades, lo que exige al conductor intervenir para evitar un frenado o aceleración inesperada sobre ellos. Es un equilibrio delicado, donde la tecnología asiste, pero la responsabilidad final siempre recae en el conductor, quien debe mantener las manos en el volante y la atención en el camino.
3. Más allá de la tecnología: la corresponsabilidad es clave

Los sistemas ADAS, como el EyeSight de Subaru, son una herramienta poderosa para reducir la siniestralidad y salvar vidas al mitigar el factor humano en los accidentes. Sin embargo, su verdadero potencial se desbloqueará con un esfuerzo conjunto. Por un lado, es crucial que los usuarios exijan mayor equipamiento de seguridad en vehículos de todos los segmentos y se eduquen sobre el correcto uso y las limitaciones de estas asistencias para evitar una falsa sensación de seguridad. El abuso de confianza en un sistema puede ser tan peligroso como su ausencia.
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Por otro lado, los gobiernos tienen un papel vital en asegurar que los aranceles no encarezcan desproporcionadamentelos vehículos con estas tecnologías avanzadas, facilitando su acceso a un público más amplio. Y las marcas automotrices, por su parte, deben ir más allá de la ficha técnica, educando a los consumidores de manera clara y sencilla sobre la importancia, el funcionamiento y las mejores prácticas al usar estos sistemas. Solo a través de esta corresponsabilidad entre usuarios, gobierno y fabricantes, podremos maximizar los beneficios de la tecnología ADAS y construir un futuro vial más seguro.
Conclusión: La Seguridad es un viaje compartido
Los sistemas ADAS son un salto gigante en seguridad automotriz; cada marca, como Subaru con EyeSight, aporta su propia tecnología, pero todas buscan el mismo fin: protegerte. La clave, sin embargo, no está solo en el auto. Es vital que nosotros, como usuarios, nos eduquemos sobre cómo funcionan y sus límites, evitando la confianza ciega. Y las marcas, por su parte, deben ir más allá de la venta, enseñando el uso responsable de estas asistencias. Así, trabajando juntos, transformaremos la promesa tecnológica en una realidad de vías más seguras para todos.





